jueves, 20 de septiembre de 2007

DISONANCIA COGNITIVA

Cuando actuamos distinto de lo que pensamos...

En su obrar el hombre busca un bien, ya sea real o aparente, para ser feliz. Ese bien es algo que la inteligencia capta como valioso en sí o para otro. La inteligencia, valga la evidencia, no es estúpida: sabe en principio distinguir lo bueno de lo que no lo es, y a partir de esto realiza un juicio sobre las cosas. Sin embargo, muchas veces se le presentan cosas moralmente malas y que aprehende como tales, pero en uno de cuyos aspectos ve alguna especie de valor que atrae el apetito (sensitivo y el volitivo). Sea el caso de un diabético que ve un tarro de miel y se le ocurre comer una buena porción: puede ser consecuente y mantenerse firme en no comer lo que le es nocivo por más rico que se le muestre; aquí todo bien, con un poco de esfuerzo permanece fiel a sus principios. Pero pongamos que decide comer esa porción de miel y se la engulle...ay, ay, ay...¡qué de remordimientos de conciencia!, y si ni así se arrepiente ni lamenta de su comportamiento tendrá que seguir soportando esa voz misteriosa. En esta situación buscará el modo de acallarla un poco, y lo hará forzando su juicio originario de modo que lo justifique, pues “quien no obra como piensa terminará pensando como obra”. Y de modo semejante a lo que dice la sentencia lex orandi, lex credendi se podría decir lex operandi, lex credendi.

Esto, conocido desde antiguo, es lo que el Profesor neoyorquino León Festinger estudió y tradujo a una teoría psicológica que publicó en 1957 con el nombre de The Theory of Cognotive Dissonance (La Teoría de la Disonancia Cognitiva). Por “disonancia cognitiva” llama a la contradicción arriba descripta entre el conocer-pensar y el obrar, contradicción que produce una verdadera molestia al hombre, y que concluye que “debe existir después de que una persona haya tomado una decisión entre dos posibilidades cuando ambas [le] son atractivas”1 (pues, como dijimos, el hombre busca un bien en su obrar). Según este psicólogo se busca que esta disonancia sea reducida mediante un cambio en la acción (lo cual podríamos llamar más honesto y congruente) o en el pensamiento, y a falta del primero se da éste, lo cual es muy común: cambiar la opinión para que concuerde con el actuar, en lo cual se busca la tan ansiada justificación que dé alguna coherencia a sus actos.

Este cambio de opinión no es necesariamente total desde el principio, pero el neoyorquino señala que siendo total es que más se reduce esta disonancia. Festinger menciona algunas cosas en particular con las que el hombre se las rebusca para disminuirla sin tener que cambiar de opinión, pues, como fue demostrado en un experimento que cita, si la gente encuentra otro recurso menos drástico y más sutil para hacerlo recurrirá a éste antes que a aquél. Estas cosas pueden ser una recompensa considerable por determinado comportamiento cuya ejecución evitaría de seguir exactamente sus principios u opiniones, también el deseo de impresionar bien a una persona, o el de evitar una situación desagradable.

Si seguimos con la metáfora de la disonancia, tomada de la música, a modo de comentario al margen de la teoría se podría agregar que para corregir una disonancia entre dos notas ,

se puede subir o bajar según sea necesario, una de ellas, pero hay que tener en cuenta que si una de ellas corresponde a la tonalidad de la pieza musical y la otra no, sólo se recuperará la armonía correspondiente si se afina aquélla , ya que modificando ésta, por mucha consonancia que se logre, no serán los sonidos que requiere la obra, y un buen oído sentirá esa inexactitud de altura .

Yendo a la teoría en sí en lo que respecta de las comunicaciones, Festinger afirma que una persona, al buscar reducir sus disonancias, acude a aquéllas que la favorezcan en este sentido y rechazará aquéllas cuya influencia aumente las disonancias. Esto es lo que muchas veces decimos vulgarmente “canta las cosas como son, no como la gente quiere escuchar”. Así es que elegirá el programa o el artículo que le dé la razón en ese acto que su pensamiento rechaza.

En este sentido podríamos relacionar esta teoría en su aplicación a los medios de comunicación con la Teoría Funcionalista y en particular los estudios que la Dra. María Teresa Baquerin de Riccitelli agrupa bajo el nombre de “Usos y gratificaciones”, que tiene como antecedentes investigaciones de Berelson (1940 y 1948) y Lasswel (1948), y se sintetiza en que según sean las necesidades de los receptores serán los medios que busque consumir: la necesidad que estudia Festinger es reducir las disonancias, y los medios, aquéllos que a cada cual justifiquen su actuar.


María de los Ángeles Dapueto Reyes



Bibliografía:

- Festinger, Leon. “Teoría de la disonancia cognoscitiva” en Schramm, Wilbur, La Comunicación Humana, Grijalbo, México, 1982.

- Baquerin de Riccitelli, María Teresa. “Teoría Funcionalista” apuntes de cátedra.


1 Festinger, Leon. “Teoría de la disonancia cognoscitiva” en Schramm, Wilbur, La Comunicación Humana, Grijalbo, México, 1982.